El vacío del alma

El vacío, ¿existe?

Si bien esta escultura se llama “Melancolía”, muchos la conocen como “El vacío del alma”.

La sensación de abatimiento de la escultura pero, a su vez, la mirada introspectiva de su cabeza, me hace meditar sobre muchas cosas.

Primero: me pregunto porqué, aparentemente, la mirada introspectiva parece que está asociada íntimamente con el sentido de la vista. ¿Es que asociamos la introspección con los ojos? Admito que “los ojos son el espejo del alma” puede que sea verdad. Sin embargo, no creo que “mirar” sea la mejor manera de “ver por dentro”. La meditación y el pensamiento sí (el insight). La esencia del ser humano está adentro, existe, es real. Sólo necesitamos verla y, en lo posible, sin mirar.

Segundo: Detrás del hueco de la escultura se puede ver un paisaje hermoso. Lo que me lleva a pensar que mirando hacia nuestro interior es donde vemos más allá. Porque más allá está el mundo, más allá están los otros. O quizás, el hecho de que mirando hacia adentro veamos el mundo implica, en mi opinión, que esa sea una manera de encontrar el sentido de la vida. No estamos solos. Somos parte del todo. Funcionamos sincrónicamente aun cuando creamos que no pertenecemos a este mundo, que somos distintos. Y es verdad, cada uno es único pero como todos somos únicos, tenemos, aunque sea, eso en común, ¿no? O sea, al final, podemos decir que tenemos alguna similitud.

Tercero: El hecho de que la escultura esté apoyada en un banco de plaza pública me lleva a otra reflexión: A pesar del abatimiento o la melancolía que transmite la obra, el ser humano representado o el alma vacía representada no buscó aislamiento, todo lo contrario. Quizás el artista lo dispuso de ese modo para que el turista pudiera inmortalizar la visita en una foto. Quizás yo peque de inocente. Sin embargo, prefiero creer que el banco me/nos ofrece la oportunidad de colocarnos muy cerca del que lucha incansablemente contra sus demonios para escuchar su alma, consolar su desahucio o acompañar en silencio la desesperanza, el agotamiento y la tristeza profunda del “otro”. Invita a la empatía, a la sensibilidad hacia nuestros semejantes. Por supuesto, quizás prefiera esta mirada porque me da esperanza, me alivia, me da fe.

Cuarto: Me pregunto si, a pesar de lo impactante que resulta la escultura de Gÿorgi, lo que transmite no es más que una situación cotidiana u ocasional de muchos de los habitantes de este mundo: la búsqueda del sentido, del porqué, la lucha permanente con nuestros sinsentidos, la necesidad interminable de cuestionarnos todo a cada paso de nuestras vidas o de explicarnos hechos y situaciones que uno no termina de comprender, a veces nunca.

Algunos pensadores argumentan que la escultura representa la angustia de un padre que pierde a su hijo. Y es aquí donde creo que la obra lo dice todo: Mirar sin ver aunque “allá afuera” todo siga igual. Intentar encontrar sentido donde parece haber desaparecido. Llenarse de preguntas sin respuestas. Y no dejar de pensar. Nunca jamás.

Por todo esto concluyo que en realidad no existe el vacío, mucho menos en el alma. Siempre hay algo adentro. Siempre encontramos la manera de llenar el alma con algo, aunque sea con dolor en los momentos que abunda. Y también estoy totalmente convencida de que la búsqueda de respuestas a interrogantes esenciales es y será interminable. Quizás “buscar” sea nuestra eterna tarea en este mundo.

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